domingo, 7 de octubre de 2018

La radio es una historia de ondas y de egos

 La historia de la radio es una historia de ciencia, y de inventores, pero también de egos, de dinero, de zancadillas... todo muy natural y humano.

Vamos a lo básico, la materia cuando recibe o emite energía, puede producir una radiación que ahora llamamos “espectro electromagnético”. Para resumir mucho mucho, digamos que el espectro es la radiación que se produce cuando los electrones de un átomo se mueven de un nivel de energía a otro. Hay una parte del espectro muy conocida por todos; la luz visible. Pero esa es una parte muy pequeña del espectro. Por encima de la luz, tenemos radiaciones invisibles y muy cargadas de energía: luz ultravioleta, rayos x, y rayos gamma. Estas radiaciones pueden ser muy peligrosas.

Por eso el radiólogo sale de la habitación cuando nos hace una radiografía, nos tenemos que poner protección solar contra los rayos ultravioleta, y si nos da un rayo gamma de lleno despídete rápido de tus familiares y amigos.

Por otra parte, por debajo del segmento de la luz tenemos la radiación infrarroja, las microondas, y las protagonistas de esta historia, las ondas de radio. Todas éstas son mucho más amables porque no llevan tanta energía.

Todo esto que os cuento, ya lo había teorizado James Maxwell 1861. Este señor nacido en Edimburgo, Escocia; se dio cuenta que el magnetismo, la luz, y la electricidad al final eran manifestaciones de un mismo fenómeno. 









Unos veinte años mas tarde, el alemán Heinrich Hertz, pudo probar en la práctica que estas ondas se podían producir, se transmitían por el vacío y el aire, y se podían detectar jugando con la electricidad y los imanes.

En un principio todo esto no eran más que cuestiones científicas sin utilidad práctica, hasta que otro grupo de científicos empezaron a pensar que todo este birlí-birloque de ondas podía usarse para transmitir energía o información. Hasta ese momento, toda la información se tenía que transmitir por cables. El cacharro estrella de las comunicaciones a distancia era el telégrafo, y mas adelante el teléfono; pero cualquier comunicación necesitaba kilómetros y kilómetros de cables, con los problemas que esto presentaba de mantenimiento, obras, y material. Y además hay que tener en cuenta que eran aparatos que no tenían ninguna movilidad, ya que para que un barco se comunicara con tierra, básicamente tenía que estar atado por un cable a tierra firme. Imaginaros hasta donde habría llegado Colón si le hubieran puesto una soga a las Carabelas. Así que cuando se descubrió y se probó todo este tema de las ondas, a unos cuantos se les hizo agua la boca pensando en las posibilidades.

Mi amigo Nikola Tesla fue uno de los que se frotó las manos. Una de sus tantas obsesiones era poder transmitir energía a distancia y sin cables. Algunos le adjudican incluso un proyecto llamado “el rayo de la muerte”, que básicamente era como un relámpago que te dejaba seco en tu sitio aunque estuvieras a medio mundo de distancia. Tesla estuvo experimentando con sus ondas y ya en 1897 patentó el primer radio transmisor. Su idea inicial era transmitir energía a través del aire, pero terminó por probar que era más factible transmitir información que intentar freir un churro a distancia. Además de que los churros engordan y la información no.

Ya entre 1895 y 1898 Tesla estuvo haciendo demostraciones de radio a distancia. Incluso en un lago del Central Park de New York se puso a manejar un bote a control remoto y casi lo llevan preso pensando que eso era brujería, o que directamente había metido un mono amaestrado dentro del botecito.

Otro de los nombres propios de la radio es el del ruso Alexander Popov. Popov estaba trabajando en un receptor de tormentas eléctricas. Usaba una cometa para elevar un cable que hace de antena de rayos, como hizo Benjamin Franklin para inventar el pararrayos. Si recibe rayos, pensó Popov, también podrá recibir otras ondas electromagnéticas.

¡Es que de tanto jugar al Tetris, los Rusos se hacen muy listos!  Así que Popov experimenta y experimenta y termina por inventar la antena de radio alrededor de 1885. Pero no solo los rusos eran listos, resulta que también la India habían científicos punteros. 


Allí tenemos a Jagadish Chandra Bose. En 1896, el Daily Chronicle of England informó a sus lectores que «el inventor (J. C. Bose) transmitió señales a una distancia de cerca de una milla y así proporcionó por lo tanto la primera evidencia, totalmente válida, de la aplicación de esta nueva maravilla teórica». A Chandra todavía le dió tiempo para inventar un emisor y receptor de Microondas. Eso que a nosotros nos parece tan moderno y que solo usamos para calentar el café con leche. Pues resulta que don Jagadish ya lo había inventado cuando no habíamos ni llegado al año 1900. Como anécdota decir que Jagadish en su juventud vivía casi puerta con puerta con Rabindranath Tagore, que era filósofo, escritor, dramaturgo, novelista, y en sus ratos libres hacía encaje de bolillos y punto cruz. Vamos, que debía ser un gustazo vivir en ese vecindario. Pero claro, si hablamos de radio, no puede faltar un nombre que nos va a sonar a todos, es mas…. que nos suena como “el inventor de la radio”, asi con mayúsculas. Se trata de Guillermo Marconi.

Este señor fue considerado durante muchos años como el inventor de la radio, incluso a día de hoy hay libros por ahí que lo nombran como el inventor cuando la realidad es diferente.

Guillermo Marconi mas o menos al mismo tiempo que todos los demás, estaba investigando este maravilloso mundo de las ondas de radio. Hasta que un día, con un poco de madera, cables, imaginación y mala leche; construyó un aparato que usó para enviar mensajes en código Morse entre Francia e Inglaterra. Aquello lo pondría en el pedestal de los pioneros de la tecnología y la ciencia, si no fuese porque Marconi construyó su radio usando 17 patentes de Tesla, además de partes de inventos de Alexandr Popov, Chandra Bose y otro científico llamado Oliver Lodge. Realmente el mérito de Marconi es haber visto una utilidad práctica en toda esa nueva tecnología, y haber montado un aparato con patentes existentes. Claro, todo ese mérito se va a la porra cuando Marconi intenta patentar su invento haciendose el longuis y escondiendo que su “invento” es un batiburrillo de cosas que ya otros han patentado tiempo antes.
Asi es que la academia Rusa de las ciencias rechaza su patente cuando se dan cuenta que su invento tiene partes que ya había patentado Alexander Popov. Y ya se sabe que los rusos no llevan nada bien eso de que venga alguien de fuera a robarles los inventos, asi que se salvó de milagro de que lo mandaran a picar piedra a Siberia. Y otro tanto de lo propio hizo la oficina de patentes de los Estados Unidos, que lo vio venir con su radio bajo el brazo y le dijo “¡Quieto parao! Que tu colega Tesla ya tiene la mitad de tu radio patentada hace dos años”.

Entonces, ¿Como es que Marconi no está en Siberia y es considerado el inventor de la radio durante tanto tiempo?

 La respuesta es bastante fácil; ENCHUFES… y no me refiero a los que se conectan a la pared.

El listo de Marconi tenía un amigote muy importante en Estados Unidos, uno de estos enchufes que te dan una energía enorme: Thomas Alva Edison.

Don Thomas Alva Edison por esas épocas ya era toda una celebridad. Además de ser un inventor brillante, era un empresario despiadado. Para él los inventos tenían valor siempre que se pudiera sacar dinerillo de ellos. Así que chocó durante muchos años con Tesla, a quien veía como un científico loco e idealista, poco ajustado a la realidad. Sin mencionar que además le tenía unos celos terribles, porque Tesla además de ser alto, guapo y tener los ojos azules, era el más inteligente del barrio y eso a Don Tomás le sentaba como una patada. Y todavía tenemos que añadir que Tesla en tiempos había trabajado para él, y habían terminado como perro y gato cuando Edison le birló 50.000 dólares que le había prometido por unos trabajos.
Que no es por sembrar cizaña, pero yo igual también me hubiese molestado un poquito.
A día de hoy no se sabe si realmente eso fue asi, o si Tesla realmente se enojó porque Edison no le quería subir el sueldo de 18 a 25 dólares; pero lo cierto es que Edison era un rata y Tesla un antisocial, así que aquel matrimonio ya iba mal desde el principio. Total; que Marconi era muy amigo de Edison, y entre los dos veían que aquel invento de la radio o el telégrafo sin hilos podía dar mucho dinero. Así que al parecer Don Tomás se puso a mover hilos todo lo que pudo para que a Tesla le retiraran la patente y autorizaran la de Marconi. Y así fue que en 1904, increíblemente la oficina de patentes de estados unidos aprobó la patente de Marconi. De ahí en mas, La empresa que fundó Marconi, la “Marconi comunications company” tuvo via libre para forrarse con el nuevo invento y de paso agradecerle a Edison por los favores recibidos.

¿Y Tesla?

 Tesla quedó un poco comiéndose los mocos, la verdad. Se metió en un pleito a partir de 1913 para que le devolvieran la patente, pero no tenía un duro para pagar a los abogados, y al final se murió en 1943 sin haber visto ese objetivo cumplido. Pero mira como son las cosas, que ese mismo año, al rato de morirse Tesla, la oficina de patentes de una vez por todas reconoce que la patente de Marconi es inválida y está basada en 17 patentes existentes de Tesla. Así que dicen que de Marconi “nanai” y desde ese dia Tesla figura como el inventor de la radio. Marconi en todo caso queda como inventor de la “telegrafía sin hilos”, que es como decir que le reconocen el invento del abre-fácil de los paquetes de galletas.

Podemos pensar que la oficina de patentes de EEUU ha actuado con justicia y benevolencia…

… pero las cosas no son casi nunca tan dulces en el mundo real. Veréis, después de la primera guerra mundial, fue Marconi quien se metió en un pleito contra el gobierno de los Estados Unidos porque al parecer los yankis se hincharon a usar la radio durante la guerra, y no le dieron ni las gracias a Marconi por usar su invento.
Como los yankis también son muy listos (casi como los Rusos y los Indios), cuando se murió Tesla pensaron “¡Ésta es la mía!”. Ya se sabe que muerto el perro se acabó la rabia; asi que lo que hicieron fue darle la patente de la radio al finado, así de esa forma dejaban KO a Marconi que ya no podía demandarles por el uso de una patente que, en la práctica, ya no era suya.

Pero vamos a responder a la pregunta del millón, ¿Quien inventó la radio?

Bueno, a día de hoy hay consenso de que el invento en su mayor parte pertenece a Nikola Tesla, aunque se entiende que es un invento colectivo de un montón de científicos que fueron aportando avances para lograr lo que hoy llamamos radio. Por ahí está el canadiense Reginald Fessenden, el británico John Ambrose Fleming, o el estadounidense Lee De Forest. 
 

Pero uno que llama mucho la atención es un Español. Que ya se sabe que Españoles hay en todo

Tenemos que reconocer a Julio Cervera Baviera. Según las últimas investigaciones, desarrolló la radio años antes que Marconi. En 1899 incluso trabajó durante 3 meses con Guillermo Marconi y su ayudante …. Si, huele un poco a chamusquina la verdad.

Don Julio obtuvo sus primeras patentes en telegrafía sin hilos antes de finalizar el año. Es cierto que el italiano inventó antes que Cervera la telegrafía sin hilos, pero para transmitir señales, no sonido. Cervera fue el que transmitió voz sin cables entre Javea en Alicante, e Ibiza a 85 kilómetros de distancia. Todo ésto en 1902. Pero ahi se quedó don Julio, como una anécdota más, mientras otros se llevaban toda la gloria y el parnés. 

La radio es una historia de ondas y de egos

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